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El Duro Ajuste de los Docentes Pensionados

Miles de docentes pensionados reciben solo un 5,1% de aumento mientras el mínimo sube 23%

A partir de enero de 2026, el país ha entrado en una paradoja económica: mientras el salario mínimo legal aumentó en un histórico 23%, los docentes pensionados del Fondo Nacional de Prestaciones Sociales del Magisterio (FOMAG) apenas verán un ajuste del 5,1% en su mesada. Este desequilibrio, generado por el Decreto 1469 del 29 de diciembre de 2025 y el IPC certificado por el DANE, ha encendido una alarma silenciosa en miles de hogares: ¿qué tan sostenible es en realidad la vejez para quienes dedicaron su vida a la enseñanza pública?

El contraste no es menor. Mientras se celebra el aumento al salario mínimo como una medida de justicia económica para los trabajadores activos, muchos pensionados docentes—particularmente aquellos que no alcanzan mesadas altas—ven con preocupación cómo su poder adquisitivo se estanca frente a una economía que, aunque moderadamente inflacionaria, sigue empujando al alza los precios de bienes y servicios esenciales.

Un reajuste que divide más que nivela

El sistema pensional colombiano aplica reglas distintas para los distintos niveles de ingreso. Aquellos cuya pensión es igual al salario mínimo (ahora $1.750.905) tienen derecho a un aumento equivalente al del salario base. Pero quienes reciben más de un salario mínimo deben conformarse con un incremento del 5,1%, correspondiente al IPC de 2025.

En el caso de los docentes pensionados bajo el régimen del FOMAG, esta regla tiene efectos significativos. Dado que la mayoría de sus mesadas están por encima del mínimo gracias al escalafón docente, el aumento real de sus ingresos será notablemente menor que el de un jubilado de base.

Aunque ajustado a derecho, este tratamiento diferenciado crea lo que muchos llaman una “injusticia aritmética”. A pesar de haber cotizado más y durante más tiempo, estos pensionados terminan con incrementos sustancialmente menores, erosionando así la distancia que debería existir entre quien hizo un esfuerzo contributivo mayor y quien apenas alcanzó el mínimo legal.

El costo oculto de vivir más años

Más allá del reajuste nominal, el problema se agrava cuando se analiza el contexto económico que enfrentan los pensionados docentes. El valor de las cuotas moderadoras en salud, el aumento de matrículas escolares para quienes aún tienen hijos estudiando, y los copagos por servicios médicos—todos atados directa o indirectamente al salario mínimo—aumentan, mientras su pensión se mantiene casi estática.

A esto se suma un sistema progresivo de aportes en salud que, aunque intenta ser más justo, sigue generando presión en mesadas intermedias. Por ejemplo, un docente con una pensión de 4 millones de pesos podría experimentar un aumento del 5,1% en su mesada, pero también un alza en su contribución a salud y en otros servicios, diluyendo rápidamente cualquier ganancia percibida.

Entre la expectativa y la realidad: ¿volverá la Mesada 14?

Uno de los focos de esperanza para el magisterio ha sido la posible restitución de la Mesada 14, eliminada para nuevos pensionados desde 2005. Sin embargo, aunque el Congreso ha avanzado en su discusión, aún faltan cinco debates legislativos, y su eventual aprobación no tendría efectos retroactivos. La narrativa que circula en redes sociales, anunciando su supuesto restablecimiento inmediato, es falsa y alimenta expectativas peligrosas.

Cuando la planeación se convierte en estrategia de resistencia

En este contexto, la estabilidad financiera del docente pensionado depende menos del Estado y más de su capacidad individual de adaptación. Ante la falta de una política pensional progresiva que reconozca los esfuerzos de quienes cotizaron por encima del mínimo, urge una estrategia personal de administración financiera.

Revisar cuidadosamente los desprendibles de pago, validar que los incrementos se hayan aplicado correctamente, evaluar los gastos en salud, vivienda y servicios, y replantear hábitos de consumo, son acciones que permiten extender el rendimiento de la mesada sin renunciar a la dignidad ni a la calidad de vida.

El silencio que erosiona la vocación

Tal vez uno de los efectos menos visibles, pero más peligrosos, de esta situación es el mensaje que envía a las nuevas generaciones de maestros: que su esfuerzo contributivo será ignorado en el retiro. En un país donde el magisterio representa una columna vertebral del desarrollo social, esta señal puede erosionar lentamente la vocación docente, desincentivar la permanencia en el sistema público y generar una crisis de legitimidad en el sistema de seguridad social.

2026 será recordado como el año del reajuste disruptivo. Para los pensionados docentes, no obstante, será un año de contraste: mientras el salario mínimo marcó un hito en la política de ingresos del país, su mesada apenas se movió. La pedagogía de la justicia económica no puede enseñarse con una pizarra que borra el esfuerzo de quienes han escrito en ella durante toda su vida.

Ante este escenario, la mayor lección no es contable, sino ética: ningún modelo económico será sostenible si deja atrás a quienes formaron a sus ciudadanos.

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